Institución

Amalfitani eterno

Por Junta Histórica

El 14 de mayo de 1969 Don Pepe Amalfitani entró en la inmortalidad: para los velezanos que nunca terminarán de agradecerle su inmenso trabajo en pos del crecimiento del Club, y para el resto de las instituciones, que coincidieron en homenajearlo al establecer la fecha de su fallecimiento como el Día del Dirigente Deportivo.

José Amalfitani, aquel chico nacido el 16 de junio de 1894 en la porteñísima esquina de Corrientes y Callao, y que pronto se mudó junto a su famila al barrio de Flores, ni se imaginaba que llegaría a ser considerado, unánimemente, como el más grande dirigente deportivo de la Argentina.

Poco tiempo después de aquel fundacional 1º de enero de 1910, el "Tano", como le llamaban, se asomó a la vida velezana, junto a un grupo de muchachos, para pelearle a una realidad que golpeaba, donde la superviviencia del club era una lucha que se ganaba cada día y volvía a empezar al día siguiente.

El 7 de febrero de 1913 fue aceptado oficialmente como nuevo socio y a partir de ese momento la historia de Vélez, en paralelo con la suya, cambiaría para siempre.

Apenas meses después participó de la organización de un festival artístico para recaudar fondos, y mostró tanto entusiasmo, decisión y compromiso con la tarea, que en la sesión del 4 de agosto fue propuesto para formar parte de la Comisión Directiva. Sus palabras de agradecimiento no pudieron ser más certeras: "prometo que no escatimaré esfuerzo alguno de mi parte para el buen adelanto del club". Ningún día de su vida dejó de honrar esa promesa.

Candidato a concejal por el Partido Demócrata Progresista de la Capital Federal, actor vocacional, periodista del diario La Prensa, fueron algunas de las facetas que desplegó este hombre inquieto y con fama de cascarrabias, pero ante todo siempre fue socio, hincha y laburante velezano, desde cualquiera de los roles que circunstancialmente le tocara ocupar.

Fue representante ante la Asociación Argentina de Football, y artífice junto a don Luis, su padre, dueño de un corralón de materiales, de cada mejora edilicia que fue necesario encarar, impulsor de la primera publicación oficial de un club argentino, la revista “Vélez Sarsfield”, que se imprimió a lo largo de 7 ediciones desde diciembre de 1922. El "Tano" no se detenía ante nada.

A sus 28 años, después de una agitada Asamblea llevada a cabo tres días antes, el 13 de marzo de 1923 fue elegido presidente por primera vez. Bajo su mandato se terminó de construir y se inauguró, el 16 de marzo de 1924, el estadio de la calle Basualdo, el que con el tiempo se convertiría en el legendario Fortín de Villa Luro.

A principios de 1926 contrajo matrimonio con Alcira Imbert y, por un tiempo, se dedicó a la familia y a su trabajo pero sin olvidarse de Vélez. En 1931 reapareció como miembro de un grupo -el oficialismo de entonces lo denominó "conspiración"- que se opuso a la apertura de una Sección Social sobre la Avenida Rivadavia, un tipo de desprendimiento de la actividad futbolística. Uno de los socios que lo acompañaban en este reclamo era su inseparable compañero, Francisco Pizza.

Vicepresidente primero a partir de enero de 1933, un conflicto desatado como consecuencia del vergonzoso arbitraje de Rojo Miró en un partido frente a Boca, derivó en un voto de censura para el secretario y delegado ante la Liga, que no era ni más ni menos que el mismísimo Pizza. Obligado éste a renunciar, su salida provocó también la de Amalfitani, en solidaridad con su amigo y en total desacuerdo con la medida tomada.

Con el inicio de la década del 40, llegaron los segmentos más difíciles en la historia de la Institución. La dolorosa e irregular pérdida de la categoría en lo futbolístico, una crisis económica casi terminal, la pérdida del estadio, renuncias en masa, un plantel profesional que se desmembraba.

El 30 de diciembre de 1940, la casa particular del presidente honorario Nicolás Marín Moreno fue el escenario de una reunión histórica a la que fueron invitados ex dirigentes y socios caracterizados. Unas horas antes, algunos de ellos lo habían ido a buscar para que fuera parte de ese cónclave que amenazaba con determinar la desaparición del Club.

Y aquella noche, cuando se escuchaban cada vez más discursos referidos a la disolución, se oyó más fuerte aún la voz de Don Pepe que pronunció las palabras que sentarían las bases para el resurgimiento: "¿Me permite, señor Presidente?, yo no he venido al funeral de Vélez Sarsfield. ¡Qué me importa la segunda división ni la tercera si Vélez Sarsfield paseó su divisa triunfal por todo un continente, mientras haya 10 socios, el Club sigue en pie!"

Don Pepe.

El 26 de enero de 1941 fue electo Presidente, por segunda vez, para encabezar desde entonces el increíble desarrollo que llevó a Vélez a transformarse en la institución deportiva modelo de nuestro país, lo que se logró con el esfuerzo de muchos pero con una única conducción, la suya, que se mantendría hasta el mismo día de su muerte en 1969.

Con su patrimonio personal como garantía de cada empréstito, se afrontó el increíble trabajo que demandó rellenar el pantano sobre el que se construiría el nuevo estadio -inaugurado el 11 de abril de 1943 con un amistoso 2 a 2 frente a la Máquina de River-, la conformación del plantel que, ese mismo año, devolvió al Fortín a la Primera Division del fútbol argentino, la compra del predio de Barragán para asentar la cancha en forma definitiva después de tantas idas y vueltas, la remodelación que vistió la casa de cemento y que mostró su nueva cara el 22 de abril de 1951, cuando el fútbol se sumó a la fiesta con un 2 a 0 sobre Huracán.

Un hito tras otro se sumó en un Vélez que crecía y crecía: canchas de básquetbol, una pista para patín artístico, el gimnasio para la práctica de boxeo, la tan añorada pileta olímpica. Y en lo futbolístico la gloria del subcampeonato de 1953, en una pelea contra todo y contra todos en épocas en la que salir campeón era imposible si no se estaba dentro del círculo de los autodenominados "cinco grandes".

Pero hacia fines de la década del 60 algunos caminos se abrieron en lo deportivo, y si faltaba algo para poner un broche de oro a la titánica tarea de todo un barrio, con Amalfitani a la cabeza, llegó el título obtenido en el Torneo Nacional de 1968 para cumplirle el sueño a él y a tantas y tantas generaciones.

Unos meses antes ese estadio por el que tanto había luchado, recibió su nombre como ofrenda a su denodado esfuerzo y a toda una vida consagrada a su querido Vélez Sarsfield.

Dicen que José Amalfitani se fue el 14 de mayo de 1969, hace hoy exactamente 50 años. Quienes suelen recorrer las instalaciones velezanas niegan semejante cosa: el enorme crecimiento institucional y deportivo y, especialmente, los miles de chicos y chicas que le dan vida, calor y alegría a cada rincón del Club, son la prueba palpable de que Don Pepe nunca se fue, permanece como un faro que guiará por siempre los destinos fortineros.